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Yady: el color que da la vida

Yady pintando caballosEn un corredor en las afueras de su casa, ubicada en el barrio París, del municipio de Bello, sentada en la silla de ruedas y ayudada por un licornio, Yady Castrillón da los últimos retoques al cuerpo desnudo de una mujer.

Yady, de 25 años de edad, sufre parálisis cerebral (también llamada anoxia cerebral) por prolapso del cordón umbilical, es decir que éste se vino delante de ella y lo pisó con la cabeza. Debido a esto le falto oxígeno y sangre lo que le paralizó parte del cerebro.
Cuando nació, el médico le dijo a Amparo, su madre, que Yady se iba a demorar unos cuatro años para hablar y caminar.
Amparo no tenía ni idea de qué se trataba la enfermedad. Con el tiempo, después de ir a charlas y conferencias se dio cuenta de la gravedad del problema.
La llevó a terapias en el Hospital San Vicente, al Sena y al Jardín Botánico para hacerle estimulación temprana.

Estuvo estudiando en un colegio del barrio Calasanz donde aprendió a leer y a contar. No pudo aprender a escribir porque los movimientos de la mano no le responden. Como era demasiado costoso la tuvo que retirar, porque además había que pagarle transporte.
Entonces Amparo fue a la Secretaría de Educación de Bello y la ubicaron en el colegio Tomás Cadavid Restrepo, donde en forma alterna se daba educación formal y para personas especiales.

En vista de la zozobra y el temor que debían afrontar cada año por que se pretendía acabar con la educación de estas personas se decidió conformar Asophaines (Asociación de padres de familia con hijos con necesidades especiales), nombre que se le dió también a la institución.
Allí estas personas pueden acceder a talleres de agropecuaria, producción de alimentos, habilidades y artes plásticas.
Yady desde antes de ingresar a esta institución ya se había interesado por la pintura. Su prima Jenifer, quien asistía a clases de cerámica, a petición suya le transmitió sus conocimientos.


El maravilloso licornio

Sin embargo no fue fácil. Amparo le insistió mucho estimulando primero las manos, luego los pies y por último la boca pero no fue posible que lograra dominar el pincel, debido a sus movimientos involuntarios (contrarios). Cuando quiere estirar el brazo lo encoge o si quiere apretar su mano está se le abre.
Una vecina del barrio que sabía de su capacidad y de su interés por pintar, pero que vio lo difícil que se le hacía, le llevó a Amparo unas copias de un licornio. Se trata de un casco que lleva una varilla metálica incorporada, a la cual se puede fijar en su extremo un pequeño puntero o un lápiz.
Está indicado para personas que tienen buen control cefálico, de forma que con la cabeza son capaces de usar incluso el teclado del computador, bien directamente o bien con la ayuda adicional de una carcasa de teclado.
Amparo se dio a la tarea de buscar a alguien que le ayudara a diseñarlo y a fabricarlo.
Ya con el licornio su prima Jenifer le daba clases de pintura y cerámica.

Su mentor
Madre y Maestro

Luego, en el colegio Tomás Cadavid Restrepo, en donde recibía el taller de artes plásticas, el profesor Iván Albeiro Muñoz, quien remplazó por un día la instructora de Yady, al ponerlos a hacer una actividad, descubrió sus habilidades.
Al poco tiempo la pasaron para el salón de Iván. Éste le enseñó a pintar en acrílico y desde hace un año al óleo.
Yady quien se comunica con su madre con la mirada, con movimientos de cabeza y con la gesticulación de algunos sonidos que pueden salir de su boca, le lanza una mirada a Amparo. "Que le gusta más el acrílico", interpreta el gesto Amparo. Ella le indaga el por qué, hasta que logra comunicarle que es de un secado rápido.

Su lenguaje

Yady tiene parálisis cerebral mas no retardo. Ella entiende bien y se comunica con su madre y familiares.
Yady vuelve y le hace un movimiento con la cabeza indicándole un lugar.
Que con Leidy, su mejor amiga que vive más abajo, también se comunica muy bien", dice Amparo interpretando su gesto.
El estar en forma permanente con ella le ha ayudado a elaborar un lenguaje con el cual se comunican.
Amparo, además, es su lazarillo. Ella debe organizarle la mesa afuera, los óleos, las pinturas y los pinceles.
Después de dejarla lista Amparo puede seguir haciendo sus labores y cuando ella necesita algo, como por ejemplo que le destapen el tíner para lavar el pincel, mete un grito.

Entre sus avances está que ya sabe preparar y difuminar los colores. ¿Cómo se prepara el verde? Le pregunta su madre al tiempo que le muestra una placa que recibió de reconocimiento como artista y la cual tiene varios colores.

Le va señalando de manera que ella con un movimiento de arriba abajo los escoja. Le muestran el rojo y niega con un movimiento de oriente a occidente, hasta que le muestran el azul y el amarillo.

Es tan avanzada en esta técnica que hasta le enseña y le ayuda a sus compañeros.
Al preguntarle sobre sus aspiraciones y sueños, afirma categóricamente que su anhelo es tener una galería.
"Ella siempre me ha manifestado que le hagamos una ramada en el corredor para poder pintar a la hora que quiera, porque muchas veces ni el sol ni la lluvia se lo permiten", señala Amparo.

Además así podría colgar sus obras para que los curiosos que arriman para ver que hace puedan verlas.
De las paredes de la sala, del comedor, de los corredores, de la cocina y piezas, cuelgan bodegones, caballos y desnudos pero en estos últimos inclina sus preferencias.

Mujer
Mujer Desnuda

Dos de ellos ya los vendió y un caballo en óleo, que pende en la sala, en unos días se irá pues está encargado.
Aunque todas las pinturas que ha hecho han sido de muestra, ahora su profesor la anima y le enseña a imaginarse paisajes, situaciones para que de rienda suelta a la creatividad y encuentre su estilo.

Caballos"Gracias a Iván, de una calidad humana excepcional, ella ha avanzado mucho", afirma Amparo.
Aparte del horario normal al que asisten, Iván dedica tiempo a ella y a otros que demuestran habilidades en las artes plásticas. La persistencia de Yady para pintar también depende del ánimo con que se levanta.
Cuenta Amparo que antes de encontrar en la pintura una forma de distraerse y de mostrar su talento, ella se mantenía deprimida, lloraba mucho y se encerraba en la pieza.
"Siempre me manifestaba que quería hacer algo, estar ocupada", expresa Amparo.
El año pasado recibió una placa de reconocimiento como artista, la cual exhibe con orgullo en la sala de la casa.
También ha tenido la oportunidad de exponer sus obras en eventos y actividades culturales a los cuales es invitada.
Yady no tiene límites a la hora de soñar y es por eso que piensa que algún día podrá ayudarle a su familia.

 

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Fuente: Juan Guillermo Duque - El Colombiano

Portal Origen artículo: http://www.rgs.gov.co

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